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A través de alianzas público-privadas, la Fundación Huella Local apoya a equipos municipales de las comunas más pobres del país, con el fin de levantar recursos para el desarrollo de proyectos de infraestructura y equipamiento que les permitan mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Conversamos con Gonzalo Vial, uno de sus fundadores y actual director ejecutivo, quien nos contó sobre los inicios de la Fundación, sus próximos pasos y cómo llegaron a ser parte de Blanco Recoleta.

En septiembre de 2019 la Fundación Huella Local instaló su oficina de Santiago en Blanco Recoleta. “Es un espacio inmensamente acogedor y que invita a hacer sinergias con emprendimientos que, de otra manera, uno no conocería”, afirma Gonzalo Vial, uno de los fundadores de esta iniciativa que vincula la inversión privada con el financiamiento de proyectos de infraestructura y equipamiento en comunas postergadas.

El también director ejecutivo de esta organización, comenta cómo ha sido su experiencia y cuáles han sido las aspiraciones de esta Fundación que no para de crecer.

¿En qué consiste el trabajo que hacen en Huella Local?

Nuestro trabajo nace de un diagnóstico territorial sobre la realidad de los municipios del país, que tienen muy poca capacidad profesional para desarrollar proyectos que permitan atraer fondos. Para ello diseñamos propuestas e invitamos al sector privado a que, a través de Huella Local, donen esos proyectos a los municipios para que estos postulen a distintos fondos públicos, atraigan recursos y, por tanto, infraestructura para las comunidades más vulnerables.

¿Qué los motivó a formar Huella Local?

Sabíamos que existía una oportunidad muy grande que estaba siendo desaprovechada. Antes de fundar Huella Local trabajé un tiempo en el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, donde vi cómo algunos de sus programas se ejecutaban a través de los municipios. Estos no eran capaces de presentar iniciativas que permitieran ejecutar el presupuesto.

Por otra parte, otros de los ideólogos de esta Fundación trabajaban en el sector privado, específicamente en el ámbito de la minería, desde donde observaron que había muchos recursos para ser usados en los territorios, pero que no necesariamente estaban siendo bien utilizados.

Entonces, juntamos ambos diagnósticos, el público y el privado, y vimos que había una brecha en la que podíamos aportar. A partir de esa experiencia decidimos generar esta nueva forma de hacer las cosas.

¿Cómo fueron sus inicios?

Comenzamos desde nuestros trabajos, levantando información, diseñando propuestas y buscando alianzas, hasta que logramos cerrar un proyecto importante que nos posibilitó ser viables económicamente y renunciar para dedicarnos completamente a esto.

En 2017 cerramos otra propuesta importante que nos permitió empezar a mostrar resultados, afinar el modelo y profesionalizar las áreas. Desde entonces, no hemos parado de crecer. Hoy en Huella Local trabajamos con más de 40 empresas y tenemos un equipo multidisciplinario de 25 personas distribuido en tres oficinas: Santiago, Los Ángeles y Puerto Montt. Próximamente abriremos una cuarta sede en Antofagasta.

¿Cómo nacen las iniciativas? ¿Cómo es el proceso de levantamiento de información?

Desde hace dos o tres años son las empresas las que se acercan. Sin embargo, como nuestro objetivo es llegar a los territorios más aislados y más rezagados de Chile, elaboramos un índice que nos permitió establecer cuáles son las 34 comunas más pobres del país. Hoy estamos trabajando también en un proyecto filantrópico para llegar a esos territorios, sin la necesidad de que una empresa privada esté instalada trabajando ahí. Somos económicamente sostenibles en el tiempo y, al mismo tiempo, desarrollamos proyectos que nos conectan con ese Chile más postergado.

¿Cómo enfrentaron la pandemia?

Los últimos dos años de pandemia fueron de muchos aprendizajes. Nos obligaron a innovar en la forma de hacer las cosas, tanto como equipo y también con los territorios. El resultado de ello fue una nueva manera de comunicación, que permitió que las comunidades se acercaran a nosotros a pesar de la distancia, el encierro y la falta de presencialidad, facilitando enormemente algunos procesos.

Sin embargo, no puedo dejar de mencionar el estallido social. Este generó nuevas oportunidades en términos de que las empresas captaron que tenían que hacer un cambio y una contribución a los lugares donde operan, ya que la desigualdad en el ingreso tiene una expresión directa en el territorio y ahí también se podía actuar. Escucharon ese llamado, lo que nos permitió crecer postestallido y llegar a más lugares.

¿Qué cambios o novedades tienen para 2022?

Este año queremos continuar prosperando en nuestro proyecto de filantropía, para así llegar a las comunas más vulnerables del país. También hemos iniciado un trabajo formal con los gobiernos regionales, con el objetivo de pasar desde la escala comunal a la regional. Por último, estamos viendo la posibilidad de trabajar con nuestro modelo en Paraguay, lo que se sería la internacionalización de Huella Local

¿Cómo nació la idea de instalarse en Blanco Recoleta?

Llegamos a través de Marisol Alarcón, de Laboratoria. Ella vio que nos encontrábamos creciendo y que donde estábamos instalados no había espacio para ello. Nos invitó a conocer el lugar y quedamos encantados. Desde un principio nos gustó mucho el ambiente familiar y productivo que se da aquí. Veo una vocación productiva en mis compañeros de Blanco Recoleta que es muy interesante y marca un precedente en cómo hacer cosas de forma distinta.

¿Cuáles son las oportunidades de formar parte de una plataforma colaborativa como esta?

¡Muchísimas! Es un espacio inmensamente acogedor y que invita a hacer sinergias con emprendimientos que, de otra manera, uno no conocería. Si bien a nosotros nos falta generar esos contactos y conexiones, estamos muy abiertos a trabajar en conjunto con nuestros compañeros.

PUBLICADO POR: ifblanco
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